Es un pueblito bellísimo, con dos calles principales.
Una va directo a los restos de un castillo y la otra, aunque también llega, da una vuelta más larga.
De las calles salen callejones con bares, restaurantes, tiendas para comprarse de todo y capillas, como Chapelle Saint-Blaise des Baux-de-Provence.
Según dicen, sólo 10 familias –afortunadísimas– viven acá y en su mayoría son gente mayor.
Desde lo más alto del pueblo se ven plantaciones de almendros, de olivos, y se siente el mistral, que además del nombre del poeta Federico Mistral (1830-1914), es un viento que sopla del noroeste y clásico de la región de Provence, al sur de Francia..